Evangelio Vivido
Judas Iscariote no era tan malo
Durante mucho tiempo, Judas había caminado al lado de Jesus. Había oído palabras que ensanchaban el corazón. Había visto enfermos levantarse. Había visto a gente llorar y volver a reír. Había visto pan multiplicado, miradas que perdonan, muertos que vuelven a la vida. Pero todo eso no le bastaba.
El "mal" ladrón también entró en el paraíso
El sol caía igual sobre los tres. La misma luz sin piedad, el mismo polvo pegado a la piel, el mismo murmullo de feria abajo. Tres cruces. Tres hombres. Y uno de ellos —el que después llamarían “malo”— hacía méritos para ganarse ese apodo.
El buen ladrón y la buena religión
El sol caía con una luz cegadora, sin compasión. Abajo, podía oírse el cínico parloteo de una pequeña muchedumbre esperando a ver el triste espectáculo. Ese murmullo de feria que aparece cuando el dolor ajeno no cuesta nada. Y arriba, en lo alto, tres cruces. Tres cuerpos. Tres condenados.
Simón de Cirene
Simón venía del campo, con el polvo pegado a las sandalias y contento por tener trabajo y poder llevar el pan a su familia. El cuerpo dulcemente cansado, pero satisfecho. La vida, dentro de lo que cabe, seguía su cotidianeidad.
Corona de Espinas
No sé cuántos años han pasado. A veces me parece que fue ayer. Pero hay días —cada vez más, ahora que soy viejo— en los que la escena vuelve entera, como si el patio siguiera allí, con su polvo, su calor y ese silencio que nadie quería reconocer.
