¿Cumplo y miento?
El problema de vivir cumpliendo la ley
Cumples la ley y recibes tu recompensa. Trabajas y, con justicia, esperas tu salario. Pero ¿y si recibieras el salario sin haber trabajado.
Así ocurre con quien vive bajo la ley: de su propio cumplimiento espera la salvación. Él mismo se convierte en su juez, y cuando no alcanza lo que la ley exige, se condena a sí mismo. Y no solo eso: también condena a su prójimo, porque tampoco él cumple la ley en plenitud.
Quien vive desde la gratuidad, en cambio, no se juzga a si mismo ni a los demás. No se apoya en el cumplimiento. Es consciente de lo que es, y de que nunca va a poder ser perfecto. Espera en la misericordia de Dios.
Al final, todos incumplen la ley; todos quedan bajo condenación si el criterio es el cumplimiento perfecto. Quien ha vivido esforzándose por cumplirla no es menos pecador que quien ha vivido sin hacerlo. Yo diría que quien ha vivido bajo la ley tiene un pecado mayor añadido: el juicio sobre los demás, el pecado de medir y condenar al hermano.
Por eso, en el juicio final, quienes se apoyaron en la ley como camino de salvación pueden encontrarse con una sentencia más severa que aquellos que nunca pretendieron justificarse por sus obras.
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